La región más transparente
Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México, D.F. Esto
no es grave. En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta. Afrenta,
esta sangre que me puma como filo de maguey. Afrenta, mi parálisis
desenfrenada que todas las auroras tiñe de coágulos. Y mi eterno salto
mortal hacia mañana. Juego, acción, fe - día a día, no sólo el día del
premio o del castigo: veo mis poros oscuros y sé que me lo vedaron
abajo, abajo, en el fondo del lecho del valle. Duende de Anahuac que no
machaca uvas corazones; que no bebe licor, bálsamos de tierra su vino,
gelatina de osamentas; que no persigue la piel alegre: se caza a sí
mismo en una licuación negra de piedras torturadas y ojos de jade opaco.
De hinojos, coronado de nopales, flagelado por su propia (por nuestra)
mano. Su danza (nuestro baile) suspendida de un asta de plumas, o de la
defensa de un camión; muerto en la guerra florida, en la riña de
cantina, a la hora de la verdad: la única hora puntual. Poeta sin
conmiseración, artista del tormento, lépero cortés, ladino ingenuo, mi
plegaria desarticulada se pierde, albur, relajo. Dañarme, a mí siempre
más que a los otros: ¡Oh derrota mía, mi derrota, que a nadie sabría
comunicar, que me coloca de cara frente a los dioses que no me
dispensaron su piedad, que me exigieron apurarla basta el fin para saber
de mí y de mis semejantes! ¡Oh faz de mi derrota, faz inaguantable de
oro sangrante y tierra seca, faz de música rajada y colores turbios!
Guerrero en el vacío, visto la coraza de la bravuconada; pero mis sienes
sollozan, y no cejan en la búsqueda de lo suave: la patria, el
clítoris, el azúcar de los esqueletos, el cántico frisado, mimesis de la
bestia enjaulada. Vida de espaldas, por miedo a darlas; cuerpo
fracturado, de trozos centrífugos, gimientes de enajenación, ciego a las
invasiones. Vocación de libertad que se escapa en la red de
encrucijadas sin vértebras. Y con sus restos mojamos los pinceles, y nos
sentamos a la vera del camino para jugar con los colores... Al nacer,
muerto, quemaste tus naves para que otros fabricaran la epopeya con tu
carroña; al morir, vivo, desterraste una palabra, la que nos hubiera
ligado las lenguas en las semejanzas. Te detuviste en el ultimo sol;
después, la victoria azorada inundó tu cuerpo hueco, inmóvil, de
materia, de títulos, de decorados. Escucho ecos de atabales sobre el
ruido de motores y sinfonolas, entre el sedimento de los reptiles
alhajados. Las serpientes, los animales con historia, dormitan en tus
urnas. En tus ojos, brilla la jauría de los soles del trópico alto. En
tu cuerpo, un cerco de púas. ¡No te rajes, manito! Saca tus pencas,
afila tus cuchillos, niégate, no hables, no compadezcas, no mires. Deja
que toda tu nostalgia emigre, todos tus cabos sueltos; comienza, todos
los días en el parto. Y recobra la llama en el momento del rasgueo
contenido, imperceptible, en el momento del organillo callejero, cuando
parecería que todas tus memorias se hicieran más claras, se ciñeran.
Recóbrala solo. Tus héroes no regresarán a ayudarte. Has venido a dar
conmigo, sin saberlo, a esta meseta de joyas fúnebres. Aquí
vivimos, en las calles se cruzan nuestros olores, de sudor y páchuli, de
ladrillo nuevo y gas subterráneo, nuestras carnes ociosas y tensas,
jamás nuestras miradas. Jamás nos hemos hincado juntos, tú y yo, a
recibir la misma bestia; desgarrados juntos, creados juntos, sólo
morimos para nosotros, aislados. Aquí caímos. Qué le vamos a hacer.
Aguantarnos, mano. A ver si algún día mis dedos tocan los tuyos. Ven,
déjate caer conmigo en la cicatriz lunar de nuestra ciudad, ciudad
puñado de alcantarillas, ciudad cristal de vahos y escarcha mineral,
ciudad presencia de todos nuestros olvidos, ciudad de acantilados
carnívoros, ciudad dolor inmóvil, ciudad de la brevedad inmensa, ciudad
del sol detenido, ciudad de calcinaciones largas, ciudad a fuego lento,
ciudad con el agua al cuello, ciudad del letargo pícaro, ciudad de los
nervios negros, ciudad de los tres ombligos, ciudad de la risa gualda,
ciudad del hedor torcido, ciudad rígida entre el aire y los gusanos,
ciudad vieja en las luces, vieja ciudad en su cuna de aves agoreras,
ciudad nueva junto al polvo esculpido, ciudad a la vela del cielo
gigante, ciudad de barnices oscuros y pedrería, ciudad bajo el lodo
esplendente, ciudad de víscera y cuerdas, ciudad de la derrota violada
(la que no pudimos amamantar a la luz, la derrota secreta), ciudad del
tianguis sumiso, carne de tinaja, ciudad reflexión de la furia, ciudad
del fracaso ansiado, ciudad en tempestad de cúpulas, ciudad abrevadero
de las fauces rígidas del hermano empapado de sed y costras, ciudad
tejida en la amnesia, resurrección de infancias, encarnación de pluma,
ciudad perro, ciudad famélica, suntuosa villa, ciudad lepra y cólera,
hundida ciudad. Tuna incandescente. Águila sin alas. Serpiente de
estrellas. Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más
transparente del aire.
Comments
Post a Comment