Aunque algunas de sus astucias no me convencían y aunque se diga que la prosa de su autor poco tenía de maravillosa, Rodión Románovich Raskolnikov es, sin duda, uno de mis personajes favoritos. Como es mi costumbre modifico esporadicamente algunas líneas en la memoria... [...] En el fondo, se mofaba de la patrona y de todas las intenciones que pudiera abrigar contra él, pero detenerse en la escalera para oír sandeces y vulgaridades, recriminaciones, quejas, amenazas, y tener que contestar con evasivas, excusas, embustes... No, más valía deslizarse por la escalera como un gato para pasar inadvertido y desaparecer. Aquella tarde, el temor que experimentaba ante la idea de encontrarse con su acreedora le llenó de asombro cuando se vio en la calle. «¡Que me inquieten semejantes menudencias cuando tengo en proyecto un negocio tan audaz! ‑pensó con una sonrisa extraña‑. Sí, el hombre lo tiene todo al alcance de la mano, y, como buen holgazán, deja que todo pase ant...